Habitar . Paisajes olvidados
Hoja de sala · Adel Alonso. Barakaldo, 2025
La exposición trata del tiempo de drástico cambio en que nos encontramos y plantea interrogantes sobre un mundo donde nos sentimos desplazados de la propia realidad, nómadas en un espacio existencial inaprensible y un tiempo fluyente que no logramos situar.
Más que hacer objetos, hago un montaje en estructura donde se articulan elementos diversos para crear una obra energética, una obra construida que exige ser observada en tiempo y espacio; exige un recorrido, interactuar y ser apreciada con mente y cuerpo.
“habitar, paisajes olvidados” habla de la identidad y de la memoria. Identidad, en cuanto memoria del lugar y de las vivencias; memoria, en cuanto al origen y a las aspiraciones.
“Habitar”, estar en el mundo, implica lucha, pero también afecto y respeto. “Paisajes olvidados” alude tanto a cierto desvío en la relación que establecemos con la naturaleza, el territorio y el origen, como a la incertidumbre y al desvanecimiento del ser concreto a partir de los nuevos territorios virtuales.
La primera obra presentada está compuesta de cuatro partes, y la primera de ellas alude al arquitecto Vitruvio y a su modelo de vivienda básica y originaria, basado en la correlación existente entre las proporciones del cuerpo humano y las de la vivienda. El hombre de Vitruvio, dibujo de Leonardo da Vinci, tiene su origen en este mismo arquitecto. Leonardo sitúa al hombre como centro y medida de todas las cosas, tanto materiales como espirituales.
Es el punto de partida de un recorrido plástico por diversos aspectos relacionados con nuestro estar en el mundo, tomando el lugar concreto y la naturaleza como casa y como espacio de protección a preservar; y el estar entre nosotros, en un contexto actual de globalización, consumo e internet.
Desde hace décadas, el modelo económico y los procesos de globalización están imponiendo unas formas de vida y un ritmo que no son asimilados por las sociedades, especialmente por las comunidades locales. Son invasivos en espacio y tiempo, así como en los modelos de pensamiento y de estructuración social. Acaparar los recursos naturales conlleva la desocupación social del territorio, las migraciones de los pueblos originarios y la pérdida de las identidades diversas de las sociedades que se localizan por referencia al territorio.
Agotar el territorio no significa solo la pérdida de recursos, sino la pérdida del lugar —la casa—; significa el no-lugar, el no-nosotros.
De otro modo, la globalización productiva, tecnológica y de consumo genera nuevos territorios flotantes y sin identidad: las aglomeraciones urbanas, el turismo masivo, la proliferación de espacios grises o no-lugares; y, con el nuevo siglo, los territorios virtuales de las redes sociales, donde el yo real es superado por el yo virtual.
Estos aspectos nos orientan sobre los cambios que pueden derivarse en la constitución de la identidad, a partir también de los nuevos movimientos sociales y de colectivos. Los nuevos sujetos colectivos se constituyen reivindicando positivamente su diferencia, en relaciones de convivencia y en contextos locales: identidades mestizas, multiculturalidad, okupas, migrantes, mujer, sexo-género… aunque este aspecto queda fuera de esta propuesta expositiva.
“El presente nos sitúa en la imposibilidad de transitar territorios estables. Vivimos realidades fragmentadas, dispersas, cambiantes”.
— Gilles Deleuze
Adel Alonso
